La ansiedad una emoción más

La ansiedad una emoción más

¿Quién no ha tenido ansiedad alguna vez? De hecho, lo raro sería no tenerla. Y es que no podemos no tener ansiedad, sería lo mismo que si esperamos no estar nunca tristes o enfadados. Estamos hablando de emociones y todos los seres humanos las llevamos incorporadas: alegría, asco, frustración, ira, miedo, sorpresa…y, sí, ansiedad y estrés también están en el pack. Es más, no están incluidas por casualidad, vienen con nosotros porque son tremendamente útiles.

Cuando detectamos un peligro, algo a lo que hay que enfrentarse aquí y ahora, nuestro cerebro pone en funcionamiento la ansiedad. Esto quiere decir que provoca unos cambios fisiológicos en nuestro organismo para que podamos afrontar ese peligro luchando contra él o huyendo de él. Ahí es cuando empezamos a notar sensaciones en nuestro cuerpo como taquicardia, sudoración, opresión en el pecho, mareos… Si sabemos que se trata de ansiedad, simplemente estaremos molestos si experimentamos esas sensaciones como desagradables. Pero si no sabemos que eso que notamos es una emoción, puede que nos asustemos creyendo que nos ocurre algo malo como un ataque al corazón, un ictus o un desmayo.

La ansiedad no es peligrosa

Aunque pueda resultar desagradable por los cambios que genera en el cuerpo, la ansiedad es inocua, es decir, no puede hacernos daño. No se nos ocurriría que la alegría pudiera dañarnos, ¿verdad?, por intensa que sea. Pues bien, lo mismo se aplica a cualquier otra emoción. La ansiedad no mata no puede darnos un ataque, ni volvernos locos, ni derivar en ninguna patología médica. Entonces, ¿qué son los problemas de ansiedad? Son trastornos psicológicos o emocionales, no médicos. La ansiedad en sí no es un problema, a la emoción no le pasa nada malo. El trastorno surge cuando se pone en marcha la ansiedad en momentos en que no tocaría que estuviera funcionando. Dicho de otro modo, no hay ningún peligroobjetivo pero mi cerebro activa la ansiedad.

Y, ¿cómo es eso posible? Pues pasa porque yo creo que hay un peligro aunque no sea así y esto es suficiente para que el sistema nervioso actúe activando el mecanismo de ansiedad. Esta “equivocación” en lo que es o no peligroso es la base de los trastornos de ansiedad y pieza clave en el tratamiento.

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