Psicología y comida

Psicología y comida

Quizá te sorprenda que uno de los campos en los que puede ayudarte la psicología sea el de la alimentación. El sobrepeso y la obesidad tienen mucho que ver con el concepto de uno mismo, con los hábitos aprendidos, con instrumentalizar la comida y usarla para mitigar el dolor emocional. Aquí es donde entra la labor de un psicólogo, en determinar porqué una persona no ha sido capaz de cambiar su manera de comer de forma duradera. ¿Qué hace que me desmotive ante un patrón de alimentación? ¿por qué después de un tiempo comiendo como me ha dicho el nutricionista vuelvo a hábitos anteriores? ¿como cuando estoy aburrida, o estresada, o triste? ¿tengo ideas realistas sobre la comida y las expectativas de lo que voy a conseguir? Esto y más es lo que evaluaremos en sesión para que tu próximo intento de estar en tu peso sea el definitivo.

Hábitos de vida

Me he encontrado muchos casos en los que “la teoría me la sé” de tantos profesionales a los que han acudido, de tantos libros o artículos sobre alimentación que han leído, pero no la llevaban a la práctica. ¿Cómo puedo trasladar a mi vida esas recomendaciones? Teniendo en cuenta tus horarios de clases o de trabajo, si tienes hijos u otras personas a tu cargo, si eres tímida y te cuesta decir no a un ofrecimiento de comida y otras mil cosas más, veremos de qué forma aplicar en tu vida todas esas ideas sobre el número de comidas, los eventos familiares, la preparación de las comidas…

Usar la comida

No solo comemos porque es sabroso o porque tengo hambre, sino que también usamos la comida como una forma de tapar el dolor emocional, de evadirnos y sentirnos mejor aunque sea durante unos minutos. Si utilizamos esta estrategia de forma puntual, entonces lo hacemos casi todos, ¿quién no se ha comido media tableta de chocolate estando disgustada?, ¿o un bocadillo de bacon porque me lo merezco después del día que he tenido? No es algo patológico o preocupante, a menos que sea la forma habitual de lidiar con los problemas cotidianos. Si ante casi cualquier disgusto del día a día me tiro a la comida como forma de salvación, entonces sí que tenemos un problema: lo estamos usando como único recurso (y, además, uno no saludable) para enfrentarnos a las dificultades sin cultivar o buscar otras opciones como la ayuda de otra persona, desconectar con música o dando un paseo, replanteándome si la situación es tan dramática…

Mentalizarse del cambio

comida y psicoterapiaCambiar los hábitos de alimentación solemos verlo como algo negativo, como un sacrificio de lo que realmente me gusta o “está bueno” a favor de lo “sano” o “lo que me conviene”. Para incorporar un hábito y que nos acompañe a lo largo de la vida es importante interiorizarlo, hacer que forme parte de mi estilo de ver la vida. Para ello, suelen ser necesarios cambios de mentalidad o de creencias como, por ejemplo, que “lo sano no está tan bueno”, “es algo temporal, cuando esté en mi peso podré volver a lo de antes”, “siempre seré gorda y no puedo cambiarlo”… A lo que me refiero es que para que el hábito dure y no suponga un sacrificio o un esfuerzo más de lo que lo sería ducharme o lavarme los dientes, implicará replantearme algunas ideas que puede que estén algo distorsionadas.

La terapia

La labor de un psicólogo complementa muy bien la de un nutricionista, dietista o entrenador personal, detectando las dificultades que tienes para seguir las pautas alimentarias y de actividad física. Especialmente en aquellos casos en los que ha habido recaídas, es decir, que he hecho dietas y tratamientos que me han permitido bajar a mi peso pero los resultados no se han mantenido en el tiempo, sino que he vuelto a los hábitos anteriores incrementando de nuevo el peso.

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